Propósito de vida: qué es y por qué no aparece buscándolo
Un propósito de vida es una dirección que le da sentido a lo que haces: una razón para levantarte, esforzarte y cargar con lo difícil. Casi todo lo que se escribe sobre él te invita a encontrarlo. Esta página parte de otra experiencia, la de quien lo buscó en serio y siguió en el mismo lugar.
Qué es un propósito de vida
Un propósito de vida es una intención de fondo que orienta tus decisiones y que va más allá del corto plazo. La psicóloga Carol Ryff (1989) lo incluyó entre las seis dimensiones del bienestar psicológico: tener metas y la sensación de que tu vida lleva una dirección.
Lo que suele quedar fuera de la definición es que el propósito cambia. El que tenías a los veinte quizás ya no te sostiene a los treinta y cinco. Pasa con casi todas las respuestas en las que uno quiere descansar: sirven un tiempo, y después la vida las pone a prueba.
Ejemplos de propósito de vida
Estos son ejemplos de propósito de vida que la gente suele nombrar:
- Criar bien a tus hijos.
- Cuidar a tus padres cuando lo necesiten.
- Enseñar lo que sabes.
- Construir algo propio que le dé trabajo a otros.
- Curar, acompañar o aliviar a quien sufre.
- Hacer bien un oficio, día tras día.
- Crear algo: música, un libro, una empresa.
Fíjate en dos cosas. Casi ninguno se cumple de una vez: se cumplen en lo que haces un martes cualquiera, en la llamada, en la clase, en el turno. Y casi todos tienen a otra persona adentro.
Cuál es el propósito de la vida
Nadie tiene una respuesta demostrada a cuál es el propósito de la vida. Filosofías, religiones y ciencias ofrecen respuestas distintas, y la pregunta sigue abierta. Viktor Frankl, en El hombre en busca de sentido (1946), propuso que el sentido se descubre en lo que haces, en las personas que amas y en la actitud con que enfrentas lo que no puedes cambiar.
A mucha gente esa idea le sirvió. Deja una incomodidad sin resolver: puedes entenderla perfectamente y seguir sin moverte del sofá.
Hay algo que sí puedes comprobar hoy. Estás vivo, y no hizo falta que tu mente encontrara un buen argumento para eso. En ti hay una voluntad de existir que llegó antes que cualquier razón. La pregunta por el propósito la hace tu mente, y la vida ya está ocurriendo mientras preguntas.
Esto tiene una consecuencia incómoda. Si construyes el sentido de tu vida solo para ti, tú mismo lo puedes desarmar. Con la misma facilidad con que encuentras razones para que sea, encuentras razones para que no sea. Un sentido hecho solo de argumentos se cae en una mala semana.
No sé qué hacer con mi vida
Si no sabes qué hacer con tu vida, empieza por aceptar dónde estás hoy: ese lugar, aunque se sienta perdido y sin sentido, es tu lugar en el mundo en este momento, y desde ahí se decide el paso siguiente.
Aceptar tu lugar en el mundo y resignarte son cosas distintas. Resignarte dice: esto es lo que hay y nunca va a cambiar. Aceptar dice: esto es lo que hay hoy, y dentro de esto hay cosas que sirven. Mucha gente se niega a aceptar porque lo siente como admitir una derrota. Mientras tanto, la vida que tiene delante, con su trabajo, su familia y su cuerpo, queda en pausa a la espera de una vida que todavía no llega.
Existe un propósito en vivir con falta de propósito. Esa temporada en la que nada te hace sentido también te muestra algo. A veces que estabas buscando una verdad en la que descansar para siempre. A veces que te exigías un destino más grande del que podías sostener. A veces, simplemente, que estás cansado.
Cuidado con lo que te repites. “Soy un fracasado.” “No encuentro mi lugar.” “No sé en qué soy bueno.” Cada frase así nace de algo que sentiste, y a fuerza de decirla empieza a confirmarse afuera. Si el vacío viene acompañado de una tristeza que no se va, o de la sensación de que nada vale la pena, consulta a un profesional de la salud mental.
Buscar propósito como forma de procrastinar
Buscar propósito se convierte en una forma de procrastinar cuando la búsqueda reemplaza a la acción: lees, reflexionas y haces tests mientras lo que tienes delante sigue esperando.
Pasé dos años de mi vida buscando propósito, solo para darme cuenta de que ninguno era suficiente. Leí libros, contraté coaches, me levanté a las cinco. Cada tanto creía haberlo encontrado y durante unos días todo tenía sentido. Después se me escapaba y volvía a empezar. Quizás te pasó algo parecido: lo encontraste un domingo y el miércoles ya no estaba.
La búsqueda de comprensión es la forma más sofisticada de procrastinar. Se siente como trabajo interior. Nadie te va a reprochar que estés intentando entender para qué vives. Y mientras tanto, la llamada a tu padre, la cita con el médico y la entrega del viernes siguen en la lista. Pensar por qué no haces algo puede volverse una excusa más para no hacerlo.
Michael Steger y sus colegas (2006) midieron por separado dos cosas que solemos confundir: tener sentido en la vida y estar buscándolo. Son experiencias distintas, y una no garantiza la otra. Lo que esas mediciones no explican es qué hacer mientras tanto. Esa parte te toca a ti, y ocurre en lo que haces hoy. → Cómo dejar de procrastinar
Cómo encontrar mi propósito de vida
Para encontrar tu propósito de vida, haz con atención lo que tienes delante y fíjate a quién le sirve: el sentido suele aparecer mientras haces, y rara vez antes.
Una pregunta útil para cualquier día: ¿a quién le sirve lo que estoy haciendo ahora? Cuando procrastinas, es fácil creer que tus actos empiezan y terminan en ti. Si no vas al médico, el problema es tuyo. Si dejas de cuidarte, el que paga eres tú. Es una verdad a medias. Alguien se va a tener que ocupar de ti, y alguien está esperando esa llamada.
Una madre que se levanta a las tres de la mañana porque su hijo tiene fiebre no se pregunta para qué. Lo que hace tiene sentido porque hay alguien al otro lado. Los sentidos que más resisten las malas semanas suelen tener esa forma. Servir al otro, visto así, tiene poco de sacrificio heroico. Se parece más a darte cuenta de que lo que haces, o dejas de hacer, siempre le llega a alguien.
Tu propósito puede cambiar varias veces en tu vida, y está bien que cambie. Lo que tienes ahora es este instante y lo que está frente a ti. Si al aplazarlo sientes que algo te reclama, sigue por sentimiento de culpa. Si te dices que el problema es que eres perezoso, por pereza. Y si quieres ver por qué la procrastinación también te muestra esto, vuelve a qué es la procrastinación y para qué existe.