el FIN · de la procrastinación

Por Jacob Morales · 6 min de lectura

Procrastinación crónica

La procrastinación crónica es aplazar de forma repetida, en varias áreas de tu vida y durante mucho tiempo, lo que te propones hacer, aun sabiendo que te perjudica. Toca la entrega del trabajo, la cita con el médico, el gimnasio y la llamada pendiente, todo a la vez. Y después de años, empieza a parecer parte de quien eres.

Qué es la procrastinación crónica

La procrastinación crónica es un patrón estable de aplazamiento: aparece en muchas áreas, se repite durante años y viene acompañado de malestar. La psicología la estudia como una tendencia de la persona más que como un episodio. Piers Steel (2007) la relaciona sobre todo con la impulsividad y con la dificultad para sostener lo que uno se propone. Joseph Ferrari lleva décadas estudiando a los adultos que aplazan de forma habitual, y junto a Steel (2013) la estudió en una muestra global de adultos de distintos países.

Esa investigación describe bien el patrón. Tiene un límite que conviene saber: buena parte se basa en lo que las personas dicen de sí mismas en cuestionarios. Y quien ya se considera procrastinador crónico puede verse peor de lo que un observador mediría. La etiqueta pesa sobre la respuesta.

Hay otro detalle. Nadie procrastina el cien por ciento del tiempo. Tampoco te das cuenta todo el tiempo de que estás aplazando: pasas una hora en una serie y solo en un par de momentos aparece la voz que dice “deberías estar haciendo lo otro”. La procrastinación crónica se vive como un estado permanente. Vista de cerca, está hecha de muchos instantes en los que eliges, y de muchos otros en los que ni siquiera lo notas.

Señales de procrastinación crónica

Las señales más claras son que aplazas en varias áreas a la vez, que lo haces incluso con lo que más te importa y que la culpa ya forma parte de tu día. Algunas formas concretas de reconocerla:

Estas señales describen un patrón; evaluar un cuadro de salud le toca a un profesional. Lo que tienen en común es el volumen. Al principio el malestar susurra. Si no lo escuchas, habla más fuerte: primero culpa, después cansancio de ti mismo, después algo que se parece a no tener ganas de nada. La procrastinación crónica es ese llamado subiendo de volumen.

¿La procrastinación es una enfermedad?

La procrastinación no figura como enfermedad ni como trastorno en los manuales de diagnóstico, aunque puede acompañar a la ansiedad, la depresión o el TDAH. Llamarla enfermedad tiene un efecto doble. Alivia, porque deja de parecer un defecto de carácter. Y también puede dejarte esperando una cura que venga de afuera.

Hay otra forma de mirarla. Un diagnóstico describe algo que te pasa. Un llamado te pregunta algo. La procrastinación tiene mucho de lo segundo: aparece justo donde hay algo que decidiste hacer y que te importa. Si no te importara, no habría culpa. Cambiarías de planes y ya.

¿Se cura la procrastinación?

Si por curarla entiendes que desaparezca para siempre, lo más probable es que siga apareciendo de vez en cuando; lo que cambia con el tiempo es cuánto te arrastra. Todavía aplazo cosas. Lo que cambió es que ya no me arrastra como antes.

La procrastinación tiene una función, y va a seguir apareciendo mientras no la cumpla. Lo que se entrena es la capacidad de verla a tiempo y de elegir en ese instante. Piensa en dos músicos frente a la misma pieza. Uno la acaba de memorizar. El otro la toca hace años. Los dos tienen las mismas manos. El segundo es más consciente de ellas, y por eso su intención llega a los dedos. El esfuerzo sigue estando para los dos.

Procrastinación crónica, ansiedad, depresión y TDAH: cuándo buscar ayuda

Busca ayuda profesional si el aplazamiento te paraliza durante semanas, si viene con tristeza o angustia que no se van, si sospechas que puedes tener TDAH o si aparecen pensamientos de hacerte daño. En este último caso, contacta hoy a un servicio de emergencias o a una línea de crisis de tu país.

Los estudios encuentran relación entre procrastinación y ansiedad, depresión y TDAH. Una relación no dice qué causa qué. La ansiedad puede llevarte a evitar. Evitar durante años puede alimentar la tristeza. El TDAH puede hacer que sostener la atención cueste mucho más. La investigación todavía está separando esos hilos. En tu caso concreto, quien puede evaluarlo contigo es un profesional.

Lo que sí sirve tener claro es esto: la capacidad de decidir funciona como un espectro. Una persona sin un cuadro clínico puede tener disponible buena parte de esa capacidad. Una persona con depresión puede tener disponible un poco, a veces muy poco. Eso cambia lo que se le puede pedir, y quita la culpa de comparar su esfuerzo con el de otros. Lo poco que tiene disponible sigue siendo suyo, y cuenta.

Por qué luchar contra ella la empeora

Luchar contra la procrastinación suele empeorarla porque la convierte en un enemigo, y cada batalla perdida confirma la idea de que algo en ti está roto. Borras Instagram y terminas revisando el correo doscientas veces. Haces una dieta estricta, aguantas un mes y rebotas a un lugar peor.

Lo sé por experiencia. Contraté un coach que me hacía seguimiento cada mañana y cada tarde. Hice ayunos de dopamina, probé el agua helada, me levanté a las cinco, leí todos los libros de productividad que encontré. Funcionaba unos días. Al menor descuido terminaba en Wikipedia leyendo a qué edad Elon Musk hizo su primer millón.

Cada técnica partía de la misma premisa: te falta la capacidad de elegir, entonces necesitas algo que elija por ti. Un bloqueador, una alarma, alguien que te vigile. Pero la capacidad estaba. Lo que faltaba era entrenarla. Y una guerra tiene otro problema: cuanto más tiempo pasas peleando con la procrastinación, más se fija la etiqueta de procrastinador, y más energía se va en la pelea en lugar de ir a lo que querías hacer.

La alternativa pasa por cambiar la pregunta, sin rendirte: en lugar de cómo eliminarla, qué te está mostrando. A veces te muestra que te comprometiste con algo que no era tuyo. A veces, que te exigiste más de lo que podías sostener. A veces, simplemente, que en ese instante elegiste otra cosa y lo sabías.

Si te reconociste en esta página, empieza por ahí: por la próxima vez que notes que estás aplazando, sin pelear con eso todavía. Solo mirar qué eliges y qué te cuesta. Puedes seguir con qué es un procrastinador y por qué la etiqueta te miente, con los tipos de procrastinación o con la pregunta de fondo: para qué existe la procrastinación.