el FIN · de la procrastinación

Por Jacob Morales · 4 min de lectura

Postergar y procrastinar: cuál es la diferencia

Postergar es dejar algo para más adelante, con una buena razón o sin ella; procrastinar es aplazar sin necesidad algo que decidiste hacer, sabiendo que te va a perjudicar. Toda procrastinación es una forma de postergar. Pero hay postergaciones que son decisiones sensatas, y la diferencia entre unas y otras cambia mucho lo que haces con ellas.

Qué significa postergar

Postergar significa dejar algo atrasado, en el tiempo o en importancia: aplazar una tarea, o poner a una persona por detrás de otra. Viene del latín post, después, y tergum, espalda. Literalmente, dejar algo a tu espalda.

Se usa en los dos sentidos. Postergas una reunión para el jueves. Postergas un ascenso. Postergas a un amigo cuando cada semana aparece algo más importante que verlo. La palabra en sí es neutra: describe un movimiento hacia atrás, sin decir si fue buena idea.

El segundo sentido vale la pena tenerlo presente. Cuando aplazas el médico por quinta vez, también estás poniendo tu salud detrás de otra cosa. Lo que postergas pierde lugar, aunque sigas diciendo que te importa.

Diferencia entre postergar y procrastinar

La diferencia está en tres cosas: si el aplazamiento es necesario, si te perjudica y si lo vives con malestar. Katrin Klingsieck (2013) separó la procrastinación de lo que llama demora estratégica: la primera es innecesaria y sus consecuencias negativas pesan más que las positivas; la segunda tiene una razón y un balance a favor.

Klingsieck añade un detalle importante: en la práctica, decidir si un aplazamiento es estratégico o es procrastinar depende de las normas internas de quien aplaza. Dos personas tienen una entrega en una semana y ninguna empezó. Una espera un dato que todavía no llega. La otra lleva tres días en el scroll. Desde afuera son idénticas. Por dentro, solo la segunda siente que se está fallando.

Esa distinción dice dónde está la frontera. Lo que deja sin responder es por qué la cruzas sabiendo que la estás cruzando.

Hay algo que se ve cuando miras de cerca el momento de procrastinar. Nadie se queda sin hacer nada. Mientras aplazas la entrega, estás haciendo otra cosa: revisas el teléfono, ordenas el escritorio, abres el refrigerador. Elegiste otra voluntad, y también es tuya. Ese es el terreno del autosabotaje.

Cuándo postergar es una buena decisión

Postergar es una buena decisión cuando el aplazamiento tiene una razón que podrías defender mañana, mejora el resultado o te protege de un daño mayor. Algunos ejemplos:

El último merece atención. Quien se exige sin límites también puede procrastinar: trabaja sin parar y aplaza comer bien, dormir o estar con sus hijos. Para esa persona, postergar el trabajo y descansar es la decisión sensata. La autoexigencia también tiene su forma de aplazar.

La psicología intentó rescatar una forma buena de procrastinar. Chu y Choi (2005) hablaron de “procrastinación activa”: gente que aplaza a propósito porque rinde bajo presión y queda conforme con el resultado. Investigaciones posteriores encontraron que esa conducta tiene poco que ver con la procrastinación que miden los cuestionarios habituales y mucho con una demora planeada. Con otras palabras: postergar.

El riesgo está en el disfraz. “Mañana, con la mente fresca.” “Necesito prepararme un poco más.” “Primero rediseño el logo.” Son frases que suenan a estrategia. Para distinguirlas tienes una brújula bastante confiable: el malestar. Cuando postergas con razón, puedes estar en paz con la decisión. Cuando procrastinas, algo en ti lo registra mientras pasa, aunque tengas una explicación lista.

Pereza y procrastinación no son lo mismo

La pereza es falta de ganas o de energía para hacer algo; la procrastinación es aplazar algo que te propusiste hacer, muchas veces mientras estás muy ocupado haciendo otras cosas. El que procrastina puede pasar el día entero activo: responde correos, limpia la casa, investiga en internet. Lo único que no toca es lo que se prometió.

La pereza existe y la puedes sentir en el cuerpo. El problema aparece cuando una verdad parcial se vuelve identidad. Sentiste pereza en ese momento, frente a esa tarea, y eso es verdad. Pasar de ahí a “soy perezoso” convierte un instante en una condena, y la condena se usa después como excusa. Eso lo desarrollo en pereza y procrastinación.

Sinónimos y antónimos de procrastinar

Los sinónimos de procrastinar son aplazar, postergar, posponer, diferir, demorar, retrasar, dilatar y dejar para mañana; sus antónimos son actuar, hacer, cumplir, emprender y adelantar.

Sinónimos: aplazar, postergar, posponer, diferir, demorar, retrasar, dilatar, dar largas, dejar para mañana, dejar para después.

Antónimos: actuar, hacer, cumplir, emprender, adelantar, anticipar, ejecutar.

Ninguno de los sinónimos lleva el significado completo. Aplazar, posponer o diferir pueden ser decisiones sensatas. Procrastinar suma lo que ellos no dicen: que lo decidiste, que no hacía falta aplazarlo y que sabías que te iba a perjudicar.

El antónimo más preciso es actuar. “Voy a empezar a las nueve” todavía es una intención. La decisión aparece a las nueve, cuando estás frente a la tarea o frente a otra cosa. Decides con tus acciones. Por eso lo que termina una procrastinación es lo que haces en el instante en que te toca, más que la palabra con que la nombres. Sobre ese instante va cómo dejar de procrastinar.

Ahora tienes la diferencia entre las dos palabras. Queda la parte que ninguna definición resuelve: la próxima vez que aplaces algo, vas a saber si lo estás postergando o si te estás fallando. Lo que hagas con eso te pertenece. Si quieres ir a la pregunta de fondo, empieza por qué es la procrastinación y para qué existe.